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terça-feira, 13 de março de 2018

Comisión contra la Trata de la Conferencia Episcopal Brasileña constata la dramática situación de los inmigrantes venezolanos

La situación por la que pasan los inmigrantes venezolanos dispersados en el estado de Roraima es dramática, de auténtica calamidad. Esa es la conclusión a la que han llegado los miembros de la Comisión Episcopal Pastoral Especial para el Enfrentamiento a la Trata de Personas, CEPEETH, por sus siglas en portugués, después de una misión en la región de 28 de febrero a 4 de marzo, encabezados por su presidente, Monseñor Enemesio Lazzaris, y otro de los obispos que forman parte de la Comisión, Monseñor Adilson Busin, a los que se han unido el obispo local, Monseñor Mario Antonio da Silva y su homólogo del otro lado de la frontera, Monseñor Felipe González, obispo del Vicariato Apostólico de Caroní, que tiene su sede en Santa Elena de Uairén.
El objetivo de la visita ha sido encontrar propuestas sobre las contribuciones que la Iglesia brasileña puede llevar a cabo, buscando una mayor incidencia, asistencia y denuncia, después de conocer la situación por la que pasan los inmigrantes venezolanos, a partir del diálogo con diferentes organizaciones de la sociedad civil y de las Iglesias que les están atendiendo, así como desde una presencia solidaria junto a los propios inmigrantes.

Las ciudades de Pacaraima y Boa Vista concentran la mayor parte de los venezolanos, que en un número de unos 1.200, según datos de la Policía Federal brasileña, encargada del control de entradas y salidas del país, atraviesan cada día la frontera entre los dos países. La mayoría se hacinan en albergues improvisados, que en muchos casos poco se diferencian de los campos de refugiados presentes en tantos lugares del planeta. Otros muchos deambulan por las calles o son encontrados caminando, bajo un sol de 40 grados, a lo largo de los 200 kilómetros de la carretera que separa las dos ciudades, lo que les convierten en fáciles víctimas de todo tipo de explotación.
En Pacaraima la atención de los inmigrantes corre a cargo de una fraternidad ecuménica, junto con la parroquia local, donde es párroco el misionero español Jesús López Fernández de Bobadilla, y en cuya casa parroquial se sirven diariamente más de 800 desayunos, para muchos el único alimento que se llevan a la boca a lo largo del día. El centro de acogida de la ciudad reúne a los indígenas Warao, que actualmente son más de 500, en un local pensado inicialmente para 200.



El encuentro ha servido para constatar algunos desafíos que la situación está provocando. Desde la comisión se reconoce que es necesaria una mayor articulación entre las diferentes instancias para mejorar el atendimiento a los inmigrantes, llevado a cabo de forma muy precaria desde que llegan a la frontera, pagando precios muy elevados por los alimentos o por el transporte hasta la capital.
Junto con eso, los centros de acogida soportan un número muy por encima de su capacidad en condiciones de lo más precario, la policía y el ejército llevan a cabo abusos de autoridad, parte de la población local rechaza a los venezolanos, a los que se acusa de cualquier episodio de violencia, se constata la existencia de trata de personas, tráfico de drogas y armas, explotación sexual de niños y adolescentes.

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